Hay territorios que no se rinden
Covas de Barroso nos enseña que cuando un pueblo decide resistir, una mina no lo tiene todo ganado
Sierra de Gata Viva participa, por tercera vez consecutiva, en el Campamento en defensa do Barroso.
Barroso, o Terras de Barroso, es el nombre tradicional de la comarca formada por los municipios de Montalegre y Boticas, donde se encuentra el combativo pueblo de Covas do Barroso, de apenas 200 habitantes, que desde hace 6 años organiza el campamento de resistencia anti-extractivista. Estos dos municipios, considerados Patrimonio Agrícola por la ONU, por su biodiversidad y la importancia de su agricultura, están amenazados por varios proyectos mineros.
En Montalegre, la empresa Mineràlea pretende reabrir investigaciones en una antigua mina de wolframio que estuvo operando entre 1903 y 1985, año en el que fue abandonada sin remediación ambiental, a pesar de que se acordó un plan para remediar la contaminación y los altos niveles de metales pesados en la represa. Diversos estudios demuestran que tanto sus ríos como tierras agrícolas presentan altas concentraciones de cadmio, plomo y mercurio, todos ellos extremadamente tóxicos para el medio ambiente y la salud humana. Las concesiones mineras se cancelaron en 1993, pero la responsabilidad por los daños ambientales recayó en el estado portugués y no en la empresa minera, a pesar de que la legislación minera de 1990 estipula la responsabilidad de los concesionarios.
La historia se repite una y otra vez alrededor de todo el mundo: las empresas llegan, explotan los recursos y se despreocupan de la rehabilitación de las zonas, siendo los ayuntamientos de la zona o los propios vecinos y propietarios los que finalmente tienen que ocuparse del desastre medioambiental que dejan a su paso.
En 2021 la empresa Mineràlia obtuvo los derechos de prospección e investigación tras una consulta pública donde fueron ocultados detalles clave acerca de la naturaleza del proyecto, algo que desafortunadamente también nos suena familiar. Minerália es una empresa denominada “junior”, es decir sin capital suficiente para financiar el proyecto, por lo que depende de financiadores, como fondos de inversión. En este caso, y a diferencia de lo que ocurre en Boticas, el Ayuntamiento expresó su apoyo en 2015, recibiendo financiación de fondos europeos de más de 2 millones de euros.
En el caso de Boticas, donde se encuentra el pueblo de Covas do Barroso, hay un proyecto que pretende transformar una cantera inactiva en una mina de litio a cielo abierto que afectaría a una extensa zona de la región de Barroso. El proceso de concesiones de licencias estuvo plagado de irregularidades en materia de participación y transparencia, mientras que el gobierno y la empresa minera llevaron a cabo intensas maniobras de ingeniería social.

Durante la fase de exploración, se llevó a cabo una extensa campaña de perforación en terrenos comunitarios que la empresa responsable Savannah Resources no restauró. Entre 2017 y 2018 se realizaron 135 perforaciones no autorizadas en terrenos ajenos a la empresa minera, por lo que la población local definió estas prácticas como minería agresiva.
A pesar de que el relator especial de la ONU advirtió previamente de que el proyecto podría constituir una zona de sacrificio incompatible con el derecho humano a un medio ambiente sano y que los grandes proyectos de extracción de recursos como la mina de Barroso podrían violar los derechos humanos en nombre de la transición verde, la Agencia Portuguesa de Medio Ambiente (APA) emitió un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) condicionalmente favorable en mayo de 2023. En una audiencia especial del Parlamento Europeo, la mina de Barroso fue citada como un caso en el que “las poblaciones se ven sometidas a campañas masivas de relaciones públicas”. Savannah Resources ha puesto en marcha una agresiva campaña de relaciones públicas, incluyendo una amplia presencia en redes sociales, que dio lugar a sanciones por parte de la Autoridad Reguladora de la Comunicación Social (ERC). La empresa también creó la Fundación Barroso Litium con una dotación de 250.000 euros para “desarrollar proyectos educativos que promuevan el potencial del litio, la salud de la población local, la atención a las personas mayores, el medio ambiente y el patrimonio; y para fomentar la innovación y el desarrollo empresarial, económico, social y cultural”. Nada de esto sirvió para hacer cambiar de opinión a un pueblo que defiende con uñas y dientes su territorio y no esta dispuesto a abandonarlo por ningún suculento chantaje.
La población local denunció que el acceso a las tierras comunitarias para la prospección se producía bajo la amenaza de acciones legales utilizando tácticas intimidatorias contra cualquiera que se opusiera a la presencia de la empresa, llegando incluso a contratar seguridad privada las 24 horas del día. Todo ello con la única intención de deslegitimar y criminalizar la resistencia y de presionar a la población para que acepte un proyecto que no desea. Estas amenazas por parte de la empresa, lejos de amedrentar a los vecinos y vecinas de Barroso, les dio fuerza para organizarse y durante 7 meses, entre noviembre de 2023 y mayo de 2024, mantuvieron bloqueada la carretera impidiendo el acceso de la maquinaria de la empresa.
Esta lucha no cuenta con el apoyo del gobierno portugués, que sigue concediendo a la empresa Savannah Resources subvenciones millonarias para continuar con el proyecto. Tampoco cuenta con el apoyo de la Unión Europea, que en 2025 lo declaró “proyecto estratégico”, tendiendo una alfombra roja para facilitar los trámites ambientales y administrativos, impidiendo un acceso justo y transparente a la información pública y el estricto y exhaustivo cumplimiento de la normativa ambiental.
A pesar de que Barroso, igual que todas las zonas que los gobiernos califican “de sacrificio”, no cuenta con el apoyo de los poderes públicos, sí que cuenta con el implacable apoyo de sus vecinos y vecinas y de miles de organizaciones alrededor del mundo que defienden un sistema económico que ponga en el centro a las personas y no al capital, que respete los derechos humanos y el medio ambiente y que apueste por otras formas de desarrollo más sostenibles y saludables. Saber utilizar la tierra implica valerse de las tradiciones que la preservaron y defendieron pensando en las generaciones venideras, tradiciones radicalmente opuestas a las prácticas contemporáneas dominantes de reivindicar y ejercer el derecho esquilmarla.
A día de hoy el procedimiento sigue abierto y en los tribunales. La Asamblea de Propietarios de Tierras Comunales, el Ayuntamiento de Boticas, el Consejo parroquial de Covas do Barroso, así como diversas asociaciones en defensa de Barroso, mantienen más de 8 procesos judiciales activos y, de momento, más de 10 años después, Barroso continúa resistiendo.

¿Cómo surge el campamento de Covas do Barroso?
La primera edición del campamento se realizó en agosto de 2021 y según relatan sus creadores, Barroso Sem Minas/Unidos en Defensa de Covas do Barroso, no se planteó como un festival de protesta, sino como una herramienta para fortalecer una lucha local que se sentía en inferioridad frente a la empresa y las instituciones. La organización explica que cuando la población comprendió que Savannah Resources pretendía instalar allí una gran mina de litio a cielo abierto, comenzó a organizarse y movilizarse. Pero reconocían que se trataba de una lucha desigual frente al poder económico y político y que necesitaban generar solidaridad y apoyo.
El campamento tenía varios objetivos: dar a conocer la lucha de Covas do Barroso fuera de la comarca, mostrar el territorio y el modo de vida que estaban defendiendo, no limitar el discurso a la oposición a la mina, reunir a personas y colectivos de otros territorios afectados por proyectos extractivos, compartir experiencias de otras luchas, aprender mutuamente y generar herramientas de resistencia, crear redes de solidaridad y algo muy importante: preparar acciones futuras contra el proyecto.
Decidieron organizar un campamento que convirtiera la oposición a la mina en un espacio físico de encuentro. Durante varios días, gente de Covas y personas llegadas de otros lugares convivirían en el propio territorio amenazado. Desde el principio, tenían claro que no buscaban una actividad exclusiva para la población local. La convocatoria llamaba expresamente a personas de otros territorios amenazados de Portugal y de otros lugares del mundo, además de cualquiera que quisiera solidarizarse con la lucha.
Covas no lucha solo por Covas, lucha por crear un precedente y conseguir tumbar el proyecto de mina de litio a cielo abierto más grande de toda Europa. El campamento lleva ya seis ediciones, no nació únicamente como protesta contra una empresa, sino como herramienta para construir comunidad, alianzas y resistencia frente al modelo extractivista. En Barroso se respira esperanza, se toman decisiones que representan transformaciones ecológicas, sociales y económicas, no solo para esta región, sino por el futuro que se quiere construir en el continente. La lucha anti-extractivista demuestra que los proyectos destructivos como este vienen determinados por políticas que siguen una lógica económica marcada por las dependencias energéticas. Mantener la economía actual “funcional” implica un crecimiento infinito mediante la extracción de materia prima finita, llegando así a la paradoja de destruir la naturaleza para “salvarla”.
¿Cómo es el campamento de resistencia?
Sin perder la perspectiva de que Covas do Barroso cuenta con escasos doscientos habitantes, el campamento acoge a más de 500 personas cada año. Las zonas de acampada se ubican en los espacios públicos del pueblo, las duchas habilitadas son las del campo de fútbol, la música en directo suena en la plaza del pueblo, las actividades las coordinan paisanas y paisanos que nos muestran su modo de vida: desde cómo cuidan el ganado, hasta como hacen pan en el horno de leña comunitario que pervive en el pueblo. Son las voluntarias y voluntarios, personas del pueblo y personas de fuera que quieren colaborar, quienes se apuntan en un mural de tareas para dividir los trabajos más cotidianos y más necesarios para el correcto funcionamiento del campamento: cocinar, servir en el comedor, fregar, limpiar los baños y duchas, mantenimiento del espacio, etc.
Cada año el programa cuenta con una variedad de actividades para todos los públicos.
Después de un reconfortante desayuno puedes acudir al espacio principal donde hay una diversa variedad de charlas. Espacios para las luchas internacionales, donde diferentes movimientos de todo el mundo comparten sus experiencias, cada colectivo aporta lo que sabe y también lo que no les funcionó. Son espacios para empaparse de los saberes de compañeras que aportan ideas nuevas, tácticas diferentes, conocimientos con los que lo individual conecta con la lucha colectiva. No faltan ponencias y debates donde se ponen en cuestión las bondades de la transición energética. También se ponen sobre la mesa otros modelos de desarrollo, modelos que quieren silenciar y desprestigiar, pero que funcionan y han funcionado a lo largo de la historia. Modelos sostenibles, respetuosos, que conservan la tradición sin descolgarse del progreso.
Durante las calurosas tardes de agosto apetece darse un baño en la pequeña alberca que hay en la zona de acampada o dejarse caer por las maravillosas playas fluviales que rodean la región. También hay espectáculos de teatro reivindicativo, talleres, conciertos, reproducción de documentales, marchas de protesta y lo más importante, esa convivencia con personas que sin conocerse de nada comparten tanto.
Es un campamento gratuito que cada año sale adelante gracias a las colaboraciones de colectivos, vecinos y vecinas y visitantes que pueden aportar su granito de arena mediante donativos, compra de productos locales, camisetas, o simplemente formando parte del equipo de voluntarios que son fundamentales para que el campamento se desarrolle en condiciones óptimas.


Sierra de Gata Viva lucha junto a Covas desde el año 2024
Sierra de Gata Viva conoce el movimiento de Covas do Barroso el verano de 2024. Justo en ese momento se cerraba el periodo de alegaciones al Proyecto Salvaleón, el tercero de aquel año que además compartimos con nuestros vecinos salmantinos del Rebollar. Cabe recordar que de los cinco proyectos que han amenazado Sierra de Gata desde 2018, dos de ellos, incluido el Proyecto Salvaleón, han sido desestimados, algo que nos hace pensar que la fuerte y organizada oposición ciudadana ha tenido mucho que ver.
Ese verano de 2024, un grupo de movimientos anti-extractivistas de diferentes países alrededor del mundo crean la Red Global Anti-Extractivista, con el fin de organizarse y lanzar un llamamiento a todos aquellos movimientos y comunidades que se sientan identificados y sensibilizados con esta lucha, para unirse a esta red y celebrar simultáneamente, cada uno en su región, la vida y la resistencia. Esta iniciativa nace de un deseo de unión, de apoyo y de conexión entre todas aquellas personas alrededor del mundo que nos sentimos amenazadas por políticas mineras que consideramos destructivas para nuestros territorios.
La fecha elegida fue el 18 de agosto de 2024, coincidiendo con el campamento de defensa de Covas do Barroso. Sierra de Gata Viva junto con varios colectivos de zonas vecinas: No a la mina de Cañaveral, Rebollar Vivo, Salvemos la Montaña de Cáceres, Colectivos en lucha de Extremadura, asociación Vettonia, Stop biogás La Oliva entre otros, organizaron en las piscinas naturales de Villasbuenas de Gata un día de celebración por la vida y la resistencia, donde se desarrollaron diversas actividades: una mesa redonda donde los colectivos exponían sus luchas, compartían información y fomentaban el apoyo mutuo. Talleres infantiles, espectáculos de magia y música local nos acompañaron durante una jornada de celebración por la vida y la resistencia.
Cada movimiento organizaba un día de celebración en su localidad, compartiendo todos ellos la lectura de un manifiesto común, donde denunciamos un modelo extractivista enmascarado de transición energética o transición verde que condena a miles de territorios a convertirse en “zonas de sacrificio” en beneficio de una economía cada vez más desconectada de las realidades ecológicas y sociales de nuestro planeta.
En esta convocatoria participaron colectivos de Portugal, España, Serbia, Grecia, Italia, Suecia, Honduras, República Checa, Alemania, Argentina, Suiza, entre otros. Una demostración de que somos muchas, luchando por las mismas causas, defendiendo los territorios que habitamos del monstruo extractivista, ese monstruo viejo que crece cada día, el mismo en todas partes, sediento de lo que es nuestro, sediento de vida, que mira los lugares donde nacimos, donde crecimos, donde vivimos y solo ve números, beneficios, dólares y valores en bolsa. Ese monstruo que convierte la naturaleza en beneficio y luego en basura. Ese monstruo que no deja espacio para otros modos de vida.
En 2025 y 2026 Sierra de Gata Viva decidió acudir a Barroso a vivir esa experiencia, conocer cara a cara a tantas personas que solo conocíamos vía online, a empaparnos de esa sensación de unión, de que no estamos solas, de que la lucha sigue y seguimos resistiendo.


Qué hemos aprendido como colectivo y como personas de esta experiencia
La plataforma Sierra de Gata Viva fue constituida en 2018 y desde ese entonces han sido muchas las personas que han pasado por ella, han colaborado, aportado sus conocimientos y su tiempo de forma altruista, siempre defendiendo su territorio y apostando por un modelo de desarrollo sostenible.
Allí en Barroso, sentadas alrededor de la misma mesa, teníamos la sensación común de que nuestras luchas siempre son reactivas, siempre defendiéndonos de los ataques, pendientes de los procesos administrativos, de los tiempos estipulados para contestar, viviendo siempre vigilantes por si atacan de nuevo. Uno de los objetivos que se plantean en estos encuentros es avanzar hacia una lucha proactiva, capaz de tomar la iniciativa y marcar nuestros propios objetivos, estrategias y tiempos. No queremos seguir limitándonos a reaccionar cada vez que la minería mueve ficha. Queremos pasar de la resistencia reactiva a la iniciativa: decidir qué luchamos, cómo lo hacemos y, sobre todo, marcar nosotras los tiempos.
El mundo va muy rápido y el tiempo es un bien muy preciado que no siempre estamos dispuestas a donar a la causa. Por ello todos los colectivos compartimos la misma idea de unión. Somos muchas personas alrededor del mundo las que buscamos lo mismo, es hora de organizarse, de unirse, de trabajar por el bien común y hacer frente a este individualismo que poco a poco y sin apenas darnos cuenta está deteriorando nuestra capacidad de lucha colectiva.
Hay muchas maneras de organizarse y trabajar y todas ellas son igual de necesarias para que la lucha continúe y se haga más fuerte.
La vía legal es fundamental, estar al día de los procedimientos, estar en contacto con las Administraciones y no dejar de reclamar nuestro derecho a la información. Normalmente, estos proyectos distan mucho de ser legales, pero si no hay nadie para denunciarlos, entran hasta la cocina. La comunicación: es necesario informar de lo que sabemos, difundir en las redes sociales o en cualquier medio que nos quiera escuchar. Sabemos que los grandes medios de comunicación están comprados por el capital y crearán noticias sin escrúpulos, utilizarán la ingeniería social para convencer a las personas de aquello en lo que no creen, pero nosotros podemos contrainformar, dar datos, mostrar otra verdad que no interesa sacar a la luz. También es importante confrontar las narrativas dominantes y generar espacios de debate. Organizar charlas, encuentros y actividades donde puedan exponerse diferentes perspectivas, argumentos y experiencias que permitan que la información llegue a mucho más público. Muchas veces compartimos posiciones de fondo, pero cuando nos quedamos únicamente con el eslogan o con un discurso simplificado podemos percibirnos como enfrentados cuando en realidad existen muchos más puntos de encuentro de los que creemos. Abrir esos espacios de diálogo nos permite tender puentes, incorporar nuevas voces y ampliar la base social de la lucha.
Al final, Covas do Barroso no habla solo de una mina, habla de qué modelo de territorio queremos, porque cuando una comunidad se organiza, resiste y defiende su tierra, no está defendiendo únicamente un paisaje, está defendiendo una forma de vida, su memoria, sus recursos, su derecho a decidir qué futuro quiere para su territorio.
Lo que está ocurriendo en Covas do Barroso nos hace mirar más allá de las fronteras de Portugal. Porque las mismas lógicas extractivistas avanzan por muchos territorios rurales: se presenta la explotación de nuestros recursos como una oportunidad de desarrollo, mientras que los beneficios se marchan y los costes ambientales, sociales y económicos se quedan en el territorio.
La verdadera lección que nos da Covas es la resistencia. El territorio no es un recurso disponible para quien tenga la capacidad de explotarlo, es el lugar donde vivimos, donde arraigamos y donde queremos seguir viviendo. Y frente a quienes dicen que estas luchas están condenadas a perderse, la resistencia de Covas demuestra justamente lo contrario: que cuando un pueblo se organiza, conoce sus derechos y decide defender su tierra, deja de ser un espectador para convertirse en protagonista de su propio futuro.
Porque defender el territorio no significa oponerse al progreso, significa preguntarnos qué entendemos por progreso y, sobre todo, quién paga su precio.
Sierra de Gata no se vende, su pueblo la defiende.
